Probablemente en algún momento hayas oído hablar de que existen varias etapas a la hora de conseguir un Aceite de Oliva Virgen Extra: el prensado o molienda de la aceituna, el batido de la masa, su centrifugación y posterior filtrado son los principales procesos que deben ser llevados a cabo para extraer de una almazara un producto de la calidad de un AOVE.

Una de las menciones que observamos en el etiquetado de algunos AOVE es “extracción en frío”. ¿Sabes a qué se refiere?

En la calidad de un Aceite de Oliva Virgen Extra influye en gran medida la forma en la que se ha llevado a cabo su proceso de elaboración. La temperatura a la que se desarrolle este proceso es una de las variables más importantes que determinarán la excelencia de un AOVE.

El cultivo del olivar es uno de los más importantes de España: la superficie, que asciende a 2.750.000 hectáreas, se reparte por casi todo el territorio y con concentración en Andalucía, donde se ubica el 60%. La media de producción de aceite de oliva gira en torno a 1.300.000 toneladas al año, situando a España en el primer puesto de países productores de este oro líquido.

Un bosque humanizado tan extenso e importante desde hace siglos merece un cuidado que vele por un armonioso crecimiento del olivo y sus frutos, al tiempo que se busca maximizar cuantitativa y cualitativamente las aceitunas que se obtienen.

De todos los procesos que conlleva la elaboración de un Aceite de Oliva Virgen Extra, el del envasado podría parecer el más sencillo de todos, pero nada más lejos de la realidad: el oro líquido es un producto vivo muy delicado y sensible que necesita un cuidado extremo durante toda su elaboración y también necesita una buena conservación para que su calidad no se pierda ni se deteriore.

El envase del AOVE tiene un papel fundamental: conservar en las mejores condiciones posibles sus características organolépticas. Por eso deben ser homologados y fabricados con materiales inertes, para que su composición no se vea alterada.